Llámanos (55) 5256-1322 | [email protected]

Pioneros

 

Pioneros

Posted by admin in compassion, Reportaje, Sin categoría 06 Ago 2013

Arjan K. Khalsa: Desayuno, como y ceno un estilo de vida

Arjan Kaur Khalsa

Arjan Kaur Khalsa

Por Sat Atma Singh Khalsa/COMPASSION TIMES

DISTRITO FEDERAL _ Con hasta ocho cursos de formación de maestros de Kundalini yoga en marcha simultáneamente, es una de las que más proyección nacional tiene entre los “elders”, como les gusta llamarse a sí mismos a los maestros más veteranos de esta tradición.

Forma maestros en la ciudad de México, Cancún, San Luis Potosí y Veracruz y hasta uno en una cárcel.

A lo largo de su carrera de 15 años como instructora líder ha graduado a unos 2.200 instructores de primer nivel y cientos de personas más han recibido clases con ella. Semanalmente dirige una clase en el Sikh Center que se llama “A los pies del maestro”.

Siempre con su bana impecable, es decir vestida  de blanco de los pies a la cabeza, Arjan Kaur Khalsa es la directora del Sikh Center, la única escuela de La Condesa que ofrece exclusivamente clases de Kundalini Yoga. Pero el Sikh Center es solo parte de una fundación que se llama Sano, Sagrado y Sonriente (3SO) y detrás de la figura de Arjan Kaur ella entre entreteje la historia de su vida como una serie de capítulos que parecen una sucesión de milagros que modelan a la mujer y maestra que hoy reconocemos.

El sentido de la vida

Al nacer la llamaron Onix y creció en una familia tradicional, católica aunque dice que nunca la bautizaron ni hizo su primera comunión. Mas sí se aprendió “los rezos que todos nos sabemos: el Padre Nuestro, el Ave María”.

De esa formación religiosa conserva el recuerdo de su madre que “en las noches abría su Biblia y tomaba como su enseñanza”. A la iglesia asistía básicamente para las bodas de sus primos y conocidos, pero siempre “con esa superficialidad que es por cumplir con un rito”.

Su madre la llevaba a clases de piano y su padre era cantante.

Pero a los 10 años ocurrió un evento que la marcó profundamente y resultó determinante para que sintiera inquietud respecto a porqué la vida la hacía transitar por un camino tormentoso. Su madre murió.

“El golpe para mi fue un guamazote, fue un guamazo muy muy fuerte… ahora lo veo y me lo explico, porque ahora sí hay toda una sabiduría para poder explicar eso, pero en ese momento solo sientes el gran trancazo y (parece) que vives en una nube y no ves nada… bueno yo no veía nada”, recordó Arjan Kaur.

Buscó ayuda para atravesar esa estupefacción y lo hizo con un grupo de novicias, ya que creyó que en la religión que conocía y era cercana a su vida hallaría las respuestas que necesitaba.

Fue “lo primero que me encontré porque es lo que hay y con lo que te topas: el mundo católico”, explicó.

Recordó que le hablaron “de el Cielo, la Tierra, el Infierno y el Castigo y entonces me hacen cuestionarme. ¿Yo, una niña de 11 años, qué habrá sido aquello tan horrible que hice, de feo, que me merezco un castigo así, que Dios me tiene que castigar de esta manera tan cruel, tan amarga, quitándome a mi madre…? Debí haber hecho algo muy terrible en la vida”.

Desilusionada, decidió alejarse de esa religión siguiendo una pueril lógica de que “si no quiero esto, (pues lo que quiero) es lo contrario de esto. Entonces me voy  con un grupo que (decía) que ese Dios que te han pintado no es, no existe”.

La inexistencia de Dios promulgada por los ateos tampoco le dio la luz que anhelaba, pero la hizo pensar que en ella misma yacía un poder para controlar todo y entonces se acercó a un grupo que “levantaba sillas, doblaba cucharas y tú dices ‘wooow, ya va por ahí algo’. Hay una cosa que se llama mente”.

Pero el escepticismo volvió a apoderarse de ella. “Me veo una noche en un espectáculo doblando cucharas y levantando sillas” y se dió cuenta que eso no resolvía sus dudas. Una pregunta permanecía latente, “¿Es esto el sentido de la vida?”.

Arjan Kaur Khalsa relata los vericuetos que la llevaron hasta la práctica de Kundalini yoga y a rendirse ante su maestro. (Foto Sat Atma Singh Khalsa/Compassion Times)
Arjan Kaur Khalsa relata los vericuetos que la llevaron hasta la práctica de Kundalini yoga y a rendirse ante su maestro. (Foto Sat Atma Singh Khalsa/Compassion Times)

Del espiritualismo al yoga

Su curiosidad la condujo a un nuevo sendero. Esta vez algo más cercano al misticismo que de alguna forma marcaría el resto de su vida.

“Entré en varios tipos de grupos. Desde que son esos en los que viene un espirítu y te toma hasta los que viene el mismo Jesús y te posee y das lecciones, hasta los que haces un círculo y viene una onda sanadora y viene alguien y se mete en el círculo y se le hacen unos pases mágicos y ahí va… y lo que me hace es como verle algo de ciencia y de respuesta a lo que estoy buscando”, contó.

“Es cómo yo me siento cuando puedes entrar en un estado de bonhomía, de bondad de ti mismo. Descubro que hay estados de la conciencia como la bondad, el amor, pero también está el enojo y la polarización de algo, o sea que existen las polaridades y esto me lo traen estos grupos espiritualistas”.

A pesar de que cada sábado asistía a estas reuniones espiritualistas desde las 12 del día hasta pasadas las 10 de la noche y sentía satisfación porque encontraba que a través de esas sesiones había algo que podía dar y aportar, en su vida no alcanzaba a haber armonía. Sentía como una piedra en el zapato cuando “salía de ahí, de este lugar, de este templo y me llamaban mis amigos y amigas y la onda era la disco y el antro y cuando me miraba en el antro y la cuestión de los novios y del sexo, ya todo se me hacía tan antitésico o, no sé como llamarlo, tan polarizado”.

“Por un lado (alcanzas) un estado de total flujo y armonía y por el otro lado algo que tenía que vivir de que bebes, te evades de la realidad, (vives con) la emoción a todo lo que da y si el chico que a mi me gusta no me voltea a ver entonces siento una frustración…”, lo cual atribuyó a que para entonces vivía sin guía. “Cuando cumplí 12 años mis dos hermanos mayores se casaron y yo me quedé viviendo sola con mi papá que trabajaba y se salía de las 7 de la mañana y regresaba a las 8 de la noche. No lo digo en son de queja, de que no me atendieron. Esa es la vida y cada quien tenía que vivir eso que le tocó vivir”.

Lo material, siempre lo tuvo. “Nunca me faltó nada”.

El cariño y afecto de su familia también.

Sus experiencias y la búsqueda del sentido de la vida la llevaron a tomar decisiones que sin querer más adelante encajaron con lo que el destino le deparaba. Una de ellas fue la de dejar de cortarse el cabello.

“A mi nunca me gustó que me cortaran el pelo. Lloré toda mi infancia cuando me cortaban el pelo y mi mamá siempre me traía con el pelo cortito porque es más fácil para la escuela y ya te vas y no se qué. Entonces desde el día que se murió mi mamá yo nunca me volví a cortar el pelo… y siempre me lo amarraba aquí en el centro de la cabeza”, expresó.

Otros hábitos que más tarde coincidieron con la elección de hacerse sikh, estaba vinculados con su atuendo y sus preferencias alimenticias, entre otras cosas.

“Como a los 15 años yo dije que no quería ser como las chicas normales porque yo no quería un novio normal y no quería que me vieran por lo bonito de mis piernas o por el corte de pelo que me haga. Entonces me puse un uniforme. Entonces yo vivía ya con un uniforme, era vegetariana, sin alcohol sin cortarme el pelo”.

Su uniforme consistía en que de la cintura para abajo siempre siempre vestía de azul marino y de la cintura para arriba, de blanco.

Otra mayúscula coincidencia fue que, “en este grupo de los espiritualistas también ya nos levantábamos a las 4 de la mañana. Hacíamos unas oraciones” a esa hora.

Un fin de semana de veintes

Fue, precisamente, en una de esas reuniones de espiritualistas en la que alguien llegó un día a comentar sobre ciertas clases de yoga y siguiéndo esa recomendación visitó un fin de semana el único sitio en donde por entonces se ofrecían clases de Kundalini yoga. Era el ashram de Babaji Singh Khalsa.

“Imaginate, llego a este lugar y nada más de puro observar encuentro a estas gentes con un uniforme, que no se cortan el pelo, que se hacen incinerar al morir –esto era algo que también yo ya pensaba no sé porqué–, son vegetarianos y no beben alcohol. La frase que yo te puedo decir que describió mi sentimiento fue: ‘ya llegué'”.

“¿A qué llegué? no sé pero ya llegué. Estoy 100% segura que llegué”, sostuvo.

A lo que en realidad llegó ese sábado fue a una clase especial de Kundalini yoga para mujeres que impartió Gian Kaur y otra maestra extranjera que había llegado de visita. Los esposos Gian Kaur y Gian Singh se encargaba del ashram cada vez que Babaji debía ausentarse para recibir tratamiento al cáncer que, en esa época, le diagnosticaron por primera vez.

Al día siguiente de la clase volvió. Era domingo y la invitaron a asistir al Gurdwara y ese día superó un trauma que desde la muerte de su madre, ocho años antes, la mantuvo alejada de la música.

“Yo no me podía acercar al piano porque se movían cosas… que me causaban mucho dolor. Claro, todo era relacionado con mi mamá y la ausencia de esta gran cosa que es la mamá y entonces yo dejé de cantar. Mi papá me metió en unas clases de canto pero yo las dejé”, relató. “Cuando me siento en el gurdwara y agarro el libro de shabads y oigo cantar, leo lo que dice ahí y yo hago este movimiento hacia cantar lo que estoy leyendo y entender lo que estoy leyendo, dije ‘claro, de aquí soy y esto es lo que yo quiero y quien sea que está detrás de todo esto, sat nam, ese es mi maestro’. O sea, ya llegó mi maestro.”

Obediencia

A partir de entonces Onix se quedó a vivir en el ashram.

Con los hábitos que por su cuenta cultivó en la adolescencia, la transición fue casi automática: se puso turbante y se hizo sikh. Esta decisión que provocó cuestionamientos y críticas entre sus amigos, su familia y, especialmente, su novio.

“Yo cuento esta historia que yo sé que no se repite en nadie más pero es tan verdad que cuando el alumno está listo, llega el maestro. Y, eso sí, cuando llega el maestro solo te toca obedecer y nunca más cuestionar nada. Y esa es mi vida: obedecer”, expuso.

La máxima prueba ante semejante afirmación la experimentó ocho meses después de haber iniciado esta etapa de su vida. Era la visita de Yogi Bhajan, el maestro detrás de todas estas enseñanzas que llegaron a poner orden y sentido a su vida. Venía a darl el curso anual de tres días de tantra yoga blanco a la ciudad de México.

“Yo tenía o iba a cumplir 18 años. Estuve 8 meses ahí y ya llegó el maestro Yogi Bhajan. Me hizo el enorme regalo de mi esposo”, reveló. “O sea, me hizo un regalo que fue comprometerme con mi esposo”.

Para una mexicana recién salida de la adolescencia, descendiente de una familia tradicional, con valores emanados del cristianismo y heredera de las entonces nuevas teorías de liberación femenina, ese regalo sí resultó ser una sorpresa.

Resultó que durante el gurdwara de ese domingo, un inmigrante indio llamado Arjan Singh fue quien leyó la palabra sagrada del Siri Guru Granth. Al terminar la ceremonia, Yogi Bhajan lo llamó para conocerlo y después de inquirir sobre algunos aspectos de su vida le soltó la idea que llego a su mente. “Ya es tiempo que te cases. Estás en buena edad y además yo te voy a casar con una de mis más queridas hijas, que tiene hasta mi nombre, le dí mi nombre, yo la mando a México y ustedes se casan”.

La perspectiva no resultó atractiva para el joven Arjan Singh, pero como muchos dicen, era imposible contradecir al maestro. El resto de la conversación entre ellos transcurrió más o menos así:

–Eso del matrimonio no está para mi. Ahorita yo no estoy listo. Financieramente yo no tengo algo que ofrecer, apenas estoy trabajando y no tengo algo firme que ofrecerle a una mujer.

— No, no. Tú no te apures, tú solo tienes que trabajar.

Y como último recurso, Arjan trató de esquivar el compromiso con el argumento de que “es que yo no quiero una esposa americana”. La coartada resultó inútil. Yogi Bhajan entonces se volteó hacia Babaji y le preguntó:

— ¿Quién hay aquí en México que sea casadera y que sea rica, que sea bonita?”

— “Bueno, no tenemos rica pero sí muy devota”, le respondió.

Mientras esa conversación se desarrollaba en alguna habitación del ashram, en el jardin Onix estaba desenredando su propio entuerto con el chico que entonces llamaba su novio.

Esa mañana, en el gurdwara había tomado los votos de sikh. Cuando llegó su novio, con quien estaba practicando el tantra blanco, se lo contó y al parecer para él, esa fue la gota que derramó el vaso.

Boda de Arjan Kaur

Boda de Arjan Kaur

“Él nunca entendió porqué yo me puse turbante, porque me vestí de blanco, porqué soy vegetariana. Nunca lo entendió por más que yo le expliqué que es algo de mi vida y de mi ser”, recordó Arjan. Así que ese día cuando escuchó la noticia de los votos, “se dio la vuelta y se fue”.

“Cuando yo vengo de regreso del jardín para entrar a la casa de ver que él se fue, me mandan a llamar. ‘Ah pues ve con el maestro, te llama el maestro’… y ese es el momento en que el maestro me dice: ‘¿Me amas?’ y yo le dijo ‘sí’. ‘¿Y estás comprometida con el guru?’ y yo, ‘claro que estoy comprometida con el guru, acabo de tomar mis votos’. Y entonces me dice ‘bueno, si tú me amas a mi y yo lo amo a él, entonces ahora yo quiero que tú lo ames a él”.

“Lo que primero le dije fue ‘es que yo no estoy enamorada de él’ y me dijo ‘defíneme el amor’ y toing, (me cae un) 20. O sea estoy hablando que estoy enamorada de una persona y no sé lo que es amor y no puedo definir lo que es amor. Que amor es el apego hacia una persona. No me podía yo dar el lujo de darle esa definición a mi maestro de lo que es amor, o sea, lo único que yo dije es ‘claro, el amor es mucho más que eso, que una persona y que mi relación con una persona’.”

“Entonces yo le dije, ‘pero es que estoy involucrada emocionalmente con una persona’. Y me dice ‘ok, llámalo, dile que venga’ y hacía cinco minutos se acababa de ir. Y entonces le dije ‘es que no está’ y entonces me dice el maestro ‘es que nunca va a estar’. Entonces yo sentía palazo por palazo o sea que todo aquello que tú dices que es tu vida, que es tu creencia o es tu filosofía está hecho (vuelto) nada en una palabra”, describió.

Después Yogi Bhajan le anunció que la boda entre los dos se realizaría el año siguiente, en su próxima visita a México.

Durante ese año, la mente de Onix se inundó de preguntas y dudas. Cuando sus amigos se enteraron que estaba a punto de casarse con un desconocido, hubo quienes aparecieron para confesarle supuestos intereses románticos e intentaron disuadirla de que mejor se casara con alguno de ellos. La parientes le preguntaban porqué se empeñaba en obedecer a alguien ajeno a la familia.

“Entonces yo me quedo después de este día como que con muchas cosas revueltas de mi. Cómo que me voy a casar con alguien de quien no estoy enamorada y sí tengo este enamoramiento por mi otro novio y cómo hacía este tipo de matrimonios así y de ahí todo lo que se ve alrededor”, señaló.

“Entonces decidí irme a Los Ángeles a vivir en la comunidad (de yogis) y entonces ahí estuve casi un año, el año que tardé para casarme… fue una época muy bonita porque pude estar bajo la enseñanza del maestro Yogi Bhajan, muy, muy de cerca. Él enseñaba los martes y los jueves su clase de yoga y de ahí los domingos siempre había gurdwara y muchos de los domingos estaba ahí el maestro y él siempre hablaba. Yo lo podía ir a ver cuando quisiera, estaba muy a la mano. Me dio dos, tres jalones de orejas pero también me enalteció y me inspiró en muchas virtudes que tengo entonces este aprendizaje era muy profundo, de mucho reencuentro, también de mucho revolcarme en muchos aspectos de muchas cosas”.

Nombre espiritual

“Cuando ya nos casamos, (había) muchas cosas digeridas, muchas no. Pero sí puedo hablar de este amor hacia tu pareja que no necesariamente va a través del enamoramiento porque hasta el día de hoy yo no estoy enamorada de mi esposo y nunca lo estuve, pero yo amo a mi esposo y amo mi hijo y amo mi trabajo y amo mi comunidad aun con todas mis limitaciones que se entretejen entre todo esto, pero entiendo lo que a mi me resuelve la palabra amar y es dar sin condición, estar siempre y repetir el nombre de Dios cuantas veces puedas durante el día”, añadió.

Una de las cosas que tenía pendiente era el de pedir su nombre espiritual, algo que comunmente los practicantes de kundalini yoga se apresuran a hacer.

Al respecto, Arjan Kaur explicó que “nunca he ido tars las cosas. Nunca ha sido mi actitud saber que tengo que ir para allá sino que estoy como con este espacio aquí y entonces las cosas me vienen. Tanto las retadoras, como las bendiciones”.

Entonces, cada vez que Yogi Bhajan venía a México, la gente le preguntaba “¿ya pediste tu nombre, ya le pediste tu nombre espiritual?”. Ella sentía que no debía hacerlo. “Ya vendrá. Es de otra manera como a mi me vienen las cosas”. Y así fue, el maestro le puso el nombre que tenía su esposo.

Arjan significa devoto y es justo esa devoción, a lo que la maestra atribuye la capacidad de sortear las dificultades de la vida en pareja.

Desarrolladora de comunidad

Desde el inicio de su matrimonio, los esposos Arjan se dedicaron a la enseñanza del yoga, pero también de un estilo de vida y a servir al Guru.

“Yo a eso me dedico. Es mi pasatiempo, es mi hobby, es un trabajo, es mi disciplina, entonces yo desayuno, como y ceno un estilo de vida que ni siquiera le llamo Kundalini yoga. Quiero que la gente vea que somos un movimiento y este momviemitno tiene muchas aristas. Kundalini Yoga es una gran columna, sino es que la mayor columna que sostiene una serie de cosas, pero creo que hay muchísimas más aristas”.

“Entonces a mi no me convence tanto llamarme maestra de Kundalini yoga. Yo soy una desarrolladora de una comunidad, de un movimiento sano, feliz y espiritual, de ahí que así se llama mi organización, las tres eses: sano, sonriente, sagrado”, explicó.

La foto de Arjan Kaur Khalsa, derecha en la fila superior, con el staff de maestros de Sikh Center. (Foto Sat Atma Singh Khalsa/Compassion Times)

La foto de Arjan Kaur Khalsa, derecha en la fila superior, con el staff de maestros de Sikh Center. (Foto Sat Atma Singh Khalsa/Compassion Times)

“Entre mi esposo y yo hemos considerado que tenemos una misión en la vida y esa misión es un estilo de vida” y abarcan el Kundalini yoga, la alimentación, el Shabd Guru, entre otras cosas. “Queremos ser conocidos como los desarrolladores de ese movimiento de un estilo de vida”.

Para ellos, Sikh Center es solo el nombre “publicitario” de su movimiento o la manifestación más material de su proyecto.

Respecto a su rol como maestra, Arjan Kaur lo expone así:

“Yo estoy recorriendo unas vías o estoy jalando unos cables que a mi me han llevado a eso que tú ves, que no lo llamo perfecto, es lo que tu ves… te inspira y yo solo estoy para decirte, ‘mirá, este es el cable’… pero quien tiene que jalar el cable, quien tiene que detener el cable, quien tiene que conectarlo, quien tiene que buscar el software y tiene que ver cómo le va a hacer es él. (Aunque) sí estás para decirle, mira ya la regaste porque la corriente es de 110 y tú estas conenctado uno de 220, se te va a fundir. Para eso es este que está aquí porque su experiencia lo ha llevado a saber”, explicó.

Arjan Kaur está conciente que como seres individuales estamos atravesando procesos que te llevan a lo que ella llama “ventanas de aprendizaje”, pero no podemos interferir en lo que los demás viven.

“Nadie está capacitado ni desigando para emitir absolutamente nada con respecto del proceso de los otros. Mejor voltea y ve el tuyo y ponte las pilas de tu proceso porque al otro que Dios lo bendiga, así como bendíceme por favor que hoy yo pueda ver mis lecciones y el otro pueda ver las suyas”.

Sorry, the comment form is closed at this time.